Antes de comprar una propiedad, invertir dinero o cerrar un acuerdo importante, es fundamental saber exactamente qué se está adquiriendo. Muchas decisiones se toman con ilusión y prisa, pero no revisar bien los detalles puede traer problemas más adelante. La due diligence existe precisamente para evitar eso y aportar tranquilidad antes de dar un paso importante.
Se trata de un proceso cada vez más habitual, sobre todo en el sector inmobiliario, ya que permite analizar una operación con calma y con información real, reduciendo riesgos y sorpresas inesperadas.
¿Qué es due diligence?
La due diligence, también llamada diligencia debida, es un proceso de revisión y análisis previo que se realiza antes de cerrar una operación relevante. Su finalidad es conocer la situación real de un inmueble, una empresa o una inversión, y confirmar que todo está tal y como se espera.
No es solo una comprobación rápida, sino una revisión ordenada de la información más importante. Gracias a la due diligence, la persona interesada puede tomar decisiones con mayor seguridad, negociar condiciones o incluso descartar la operación si detecta problemas importantes.
Este análisis previo ayuda a identificar riesgos, errores en documentos, cargas ocultas o situaciones que podrían afectar al valor del inmueble o de la inversión. En el ámbito inmobiliario, es especialmente útil para evitar conflictos legales o económicos una vez cerrada la operación.
Una due diligence completa suele incluir, entre otros, los siguientes aspectos:
- Revisión de la documentación legal
- Situación económica y financiera
- Existencia de cargas, deudas o problemas pendientes
- Estado real del inmueble
- Cumplimiento de normativas y licencias
Cada proceso se adapta al tipo de operación, pero el objetivo siempre es el mismo: tener toda la información clara antes de decidir.
Tipos de due diligence
- Due diligence legal: Se centra en revisar que toda la documentación esté en regla. Se analizan contratos, escrituras, permisos, licencias y posibles conflictos legales que puedan afectar a la operación.
- Due diligence financiera: Evalúa la situación económica. Se revisan gastos, ingresos, deudas y posibles pagos pendientes para conocer el impacto real de la inversión.
- Due diligence fiscal: Comprueba que no existan problemas relacionados con impuestos, sanciones o pagos atrasados que puedan generar responsabilidades futuras.
- Due diligence laboral: Se aplica sobre todo en operaciones empresariales. Revisa contratos de trabajo, condiciones laborales y posibles conflictos con empleados.
- Due diligence inmobiliaria: Es clave en la compra o gestión de propiedades. Analiza el estado del inmueble, su situación legal y urbanística, posibles cargas y que todo esté correctamente inscrito.
Due diligence: cómo se realiza
Aunque cada caso es diferente, la due diligence sigue una serie de pasos claros que permiten revisar la operación de forma ordenada y eficaz. Este proceso evita improvisaciones y ayuda a no pasar por alto aspectos importantes.
Recopilación de documentación
El primer paso es reunir toda la información necesaria. Esto incluye escrituras, contratos, licencias, certificados, datos económicos y cualquier documento relevante. Contar con información completa desde el inicio facilita el resto del proceso.
Análisis detallado de la información
Una vez recopilados los documentos, se revisan con detenimiento. Se comprueba que los datos sean correctos, que no haya errores, inconsistencias o problemas que puedan generar riesgos en el futuro.
Comprobaciones y revisiones prácticas
Además del análisis documental, se realizan comprobaciones adicionales. En el caso de inmuebles, se revisa el estado real de la propiedad, su situación urbanística y que todo coincida con lo reflejado en los documentos.
Valoración final y toma de decisiones
Con toda la información analizada, se realiza una valoración global. Esto permite decidir si se continúa con la operación, si es necesario renegociar condiciones o si lo más recomendable es no seguir adelante.
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